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Hacia los Derechos de la Naturaleza

Maristella Svampa

Enrique Viale y Gastón Chillier

El tránsito de la “Naturaleza objeto” a la “Naturaleza sujeto” ha empezado. Consagrar a la Naturaleza como sujeto de Derechos postula nuevas formas de relación del ser humano con ella y sus componentes. Reclama, por ende, el pasaje de un paradigma antropocéntrico a otro de carácter socio-biocéntrico. En los lineamientos de este nuevo paradigma civilizatorio se destaca el abandono de la caracterización de la naturaleza sólo como canasta de recursos.

A diferencia de ello, aquí no es considerada como un objeto de dominación y meramente como un recurso económico. Pero reconocer universalmente los “Derechos de la Naturaleza” no supone una naturaleza virgen, sino el respeto integral por su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos, la defensa de los sistemas de vida.

El otorgar Derechos a la Naturaleza no solo significa abandonar una idea de conquista, de colonización y de explotación de la Madre Tierra, sino que nos plantea un cambio civilizatorio profundo, que cuestiona todas aquellas lógicas antropocéntricas dominantes y se convierte en una respuesta de vanguardia frente a la actual crisis civilizatoria. Nos obliga a pensar en otras opciones de vida que impliquen, para empezar, la desaceleración del patrón de consumo actual, al tiempo que se construyan democráticamente sociedades más humanas y sustentables.

Se trata de construir una sociedad sustentada en la armonía de las relaciones de los seres humanos con la naturaleza, con los seres vivos, de los seres humanos consigo mismos y de los seres humanos con los otros seres humanos. Esta noción, que vive en las percepciones de los pueblos indígenas desde hace mucho tiempo atrás, no implica una visión milenarista de un paraíso armónico, ni tampoco una ingenua idealización que plantea una regresión a la premodernidad.

No debería sonar extraño que los humanos busquemos garantizar nuestra existencia en el universo a partir de una legislación y jurisprudencia que empiece por favorecer a quien proporciona nuestro sustento, nuestra Madre Tierra o Pacha Mama.

Los derechos de la naturaleza plantean un desafío a la ciencia jurídica. De lo que se trata es de expandir y completar el paradigma de los derechos humanos (visión antropocéntrica) incluyendo el de los “derechos de la naturaleza” (visión biocéntrica). Los Derechos Humanos se complementan con los Derechos de la Naturaleza, y viceversa.

Reconocer Derechos a la Naturaleza supone una transformación del pensamiento jurídico, exige un desplazamiento epistemológico que retoma y actualiza los saberes, conocimientos y ciencias ancestrales de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos interculturales, afro latinoamericanos, complementándolos con los saberes ecológicos, tecnológicos, y ciencias multidisciplinarias de las teorías de la complejidad, de las teorías críticas al desarrollo depredador y la modernidad. Reorienta a los seres humanos, comunidades, sociedades, pueblos y gobiernos a defender, proteger, mitigar y restituir a la Madre Tierra de manera complementaria, defendiendo la vida y a los seres cobijados y contenidos en el gran hogar de la Madre Tierra y reencontrarse y reintegrándose a ella de una manera complementaria y estableciendo reciprocidad con la naturaleza y los seres que la componen.

La vertiente jurídica de los derechos de la Madre Tierra afirma que el derecho y las formas de gobernanza son construcciones sociales que evolucionan con el tiempo y cambian según las nuevas realidades. La corriente jurídica propone desarrollar una jurisprudencia centrada en la Tierra y no sólo en el ser humano, y un nuevo marco legal e institucional que incluya los postulados de las corrientes científica, ética e indígena para acelerar el cambio que necesitamos. Se pregunta cómo repensar el orden jurídico e institucional para posibilitar el bienestar de la Tierra y de todos sus componentes. Cómo pueden nuestros marcos legales y normativos reflejar el hecho de que la naturaleza tiene un valor intrínseco. Cómo construir una gobernanza que contribuya a evitar desequilibrios catastróficos en el planeta.

Los seres humanos forman parte del conjunto innumerable de seres vivos, son parte de la naturaleza, en este sentido no son el centro de la Madre Tierra ni del cosmos; al ser parte deben compartir con los demás seres, coexistiendo de manera complementaria y recíproca, coadyuvando a la armonía y convivencia. Reconocer Derechos a la Naturaleza es el grito de los mismos seres contra la contaminación, degradación, depredación ambiental, crisis ecológica, inequidad social, explotación, desigualdad y despojamiento de la Madre Tierra.

Veinte siglos para declarar “personas” al conjunto de los seres humanos, después de racismos y genocidios múltiples, ayudan a comprender las resistencias actuales para declarar que, además de nosotros, hay otros que tienen derechos. La historia de la problemática en Occidente depara escepticismo aun cuando muchos de los principios de la ecología provienen de allí; no obstante ello se puede partir de la hipótesis Gaia para llegar a los debates actuales de América Latina, herederos de pensamientos aymaras, quechuas, mayas, etc., en los que, independientemente del nombre e imagen que asuma la Madre Tierra, comportan un sentido profundo de unidad de los seres humanos con ella, sin la pretendida distancia y superioridad que se impuso.

No hay nada que impida que demos ese paso.